lunes, 7 de marzo de 2011

¿QUÉ ES MEJOR? ¿OCUPARSE O PREOCUPARSE?


Se ha hecho una costumbre, observar con frecuencia como se corrige a un colaborador, amigo o conocido cuando expresa que está preocupado; “no se preocupe… ocúpese” es lo que de inmediato se señala, haciendo referencia directa a que “preocupado” no hace nada y que en vez de mantenerse en ese estado debe “ocuparse” en resolverlo.

A “preocuparse” se la considera sinónimo de: intranquilo, inquieto, alarmado, abstraído, pensativo, meditabundo, cabizbajo, turbado, acongojado, e incluso, en algunas latitudes, se entiende también como maniático y neurótico. Si observamos literalmente es fácil deducir que todos ellos manifiestan ese estado de inactividad que justifica la voz imperativa de “ocuparse” para salir de él. Pero ¿es así que debemos verlo?

Vamos a la Real Academia

Pero veamos cómo son las cosas: el prefijo “pre” significa “con antelación” “antes de”. Si se revisa el diccionario de la Real Academia Española se encontrará que su significado, entre otras cosas, es: “anterioridad local o temporal, prioridad o encarecimiento”. Detengámonos por un momento en uno de sus significados: Prioridad. De acuerdo a la misma fuente esta palabra significa: 1. f. Anterioridad de algo respecto de otra cosa, en tiempo o en orden. 2. f. Anterioridad o precedencia de algo respecto de otra cosa que depende o procede de ello”.

Por lo tanto podríamos decir que preocuparse –vista como una palabra compuesta- significa “ocuparse con anterioridad con respecto a algo”. Y esa es la esencia de lo que todos conocemos en el mundo de la dirección y la administración y que nos empeñamos en recalcar a nuestros colaboradores, a eso le llamamos “proactividad”.

Es simple: La pre-ocupación es proactiva, la ocupación es reactiva. Los que se atreven a visualizar el futuro se preocupan. Y tienen más chances de adelantarse a los acontecimientos. En suma: un poco de adrenalina a los negocios nunca viene mal en nuestra querida jungla diaria. ¿No le parece?

viernes, 4 de marzo de 2011

ESCUCHE ANTES DE HABLAR. ¡PIENSE ANTES DE HABLAR!




Por Gerardo Klajnberg

Pongámonos en la cabeza de líder. La actitud natural de un líder es ser muy perceptivo o estar alerta.

Todo el tiempo se los está estimulando de forma permanente e incansable y los interpreto de acuerdo a mi estado emocional y mi estado va a me va a producir alguna interpretación emocional sintiendo cierto estímulo a mi cerebro.

El estimulo me hace reaccionar por la interpretación y obtener ciertos resultados.

Ejemplo:

En un calmo espacio de campo aparece un puma:

Estimulo: PUMA

Interpretación: Amenaza

Emoción: Miedo

Acciones disponibles: Paralizar, Atacar, escapar, esconderme.

En un apartado paraje estamos haciendo un safari fotográfico y hace 2 días esperamos al puma para fotografiarlo.

El camuflaje nos confunde inmóviles por las últimas 16 horas con la escena de vegetación muy verde por nuestra vestimenta y aparece .

Estimulo: Puma

Interpretación: Alivio, Éxito por encontrar el objetivo esperado.

Emoción: alegría, entusiasmo. (me preparé para ello)

Acciones disponibles: Fotografiarlo

Resultado: Logro, éxito, etc

El mismo estimulo tiene diferentes interpretaciones.

El ejemplo muestra que las personas tendrán diferentes acciones o reacciones de acuerdo a su situación emocional o la situación previa al estímulo.

Me pregunto como líder: ¿Qué es lo que hace que cuando explico a mi equipo una estrategia ellos entiendan cosas diferentes?

¿Que estoy haciendo? Trato de estimularlos.

¿Qué es lo que hace falta?

Lo que podría faltar es tomar el tiempo para escuchar y descubrir a que espacio emocional lleva mi estilo de liderazgo.

En qué situación está cada persona del equipo para prepararlo para la comunicación que quiero compartirles.

Luego su espacio interpretativo provocará que la parte emocional bien interprete.

Mi conclusión es básica: Escuche antes de hablar. Piense antes de hablar. Luego hable con tiempo para escuchar respuestas.

martes, 1 de marzo de 2011

PROPUESTA. CÓMO ENRIQUECER EL TRABAJO DIARIO


Por Gerardo Klajnberg

Las acciones "Motivadoras" son aquellas que tienden a generar enriquecimiento continuo del trabajo y las competencias para realizarlo, potenciando las capacidades de los miembros del equipo de trabajo, provocando y satisfaciendo el deseo de crecimiento, realización y éxito. Todo, para alcanzar el beneficio de cada persona individualmente considerada, el equipo de trabajo y la organización.

Enriquecer el Trabajo no significa incrementar las tareas, es asignar responsabilidad por labores cuyo desempeño requiera mayor nivel de competencias y formación.

La delegación de labores con mayor jerarquía es una forma de formar de manera estructurada y continua, también de motivar. Para realizar esta tarea, es necesario que quien delega; desarrolle, mejore y adapte capacidades de liderazgo y automotivación.
La motivación, es contagiosa y normalmente generalmente se crece. Si se desarrolla gusto por lo que se hace, los resultados son positivos. En consecuencia se genera entusiasmo por las tareas asignadas, se desarrolla motivación, que generalmente se acompaña de sentido de pertenencia y como resultado, es posible contagiar, en ese sentido a las demás personas que integran el grupo.

La delegación de tareas, y las acciones de enriquecimiento de trabajo permiten al gerente ser más eficiente, son:

1. Prestar a Cada Integrante del Equipo Atención Adecuada. Integrar el equipo de trabajo no les quita su carácter de personas.

2. Fijar Conjuntamente Objetivos. Creíbles, desafiantes, alcanzables, específicos, concretas y evaluables.

3. Ofrecer Autonomía. Permite crear un adecuado ambiente de estímulo a la opinión y al desarrollo de la creatividad, en todas direcciones.

4. Ofrecer Recompensas Económicas Justas. El mercado laboral adecua al salario al puesto y al cliente interno, adquiere derecho a recibirlo. La gratificación excepcional es el premio a la excelencia, cuando esta manifiesta también hay derecho a ella.

5. Retroalimentar. Es necesario que los integrantes de los equipos de trabajo estén informados permanentemente, para sentirse parte de los proyectos, solo así colaborarán adecuadamente en su desarrollo y logro.

6. Mejorar el Proceso de Gestión Humana. Permite vincular personas con capacidad de automotivación, que es contagiosa como lo es el talento.

7. DELEGAR. Es importante hacerlo para formar y motivar a la persona que recibe la responsabilidad delegado como para liberar tiempo creativo en el delegante.